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Vamo Todos

A dejar todo...

A dejar todo...

Como ya sabrán los que siguen la pagina hemos quedado tercero en el torneo y hay dos puntero, es ahora o nunca cuando tenemos que ponerle mas ganas y salir adelante como un equipo, como dirían algunos el fútbol es una guerra y si  queremos ganarla tenemos que salir a matar, tratemos de dar lo mejor de cada uno de nosotros y volvamos a ser el puntero del grupo. Vamo muchachos.. Dale vamo todo tu eres lo que me tiene en pie, es por ti que me siento vivo te llevo tatuado en la piel me siento invencible contigo. Eres mi bandera, mi escudo, mi raza, mi pasión mi vida entera. Y yo te llevare conmigo, hasta el ultimo respiro. Me voy a jugar el alma hasta el ultimo latido hasta el ultimo aliento….Dale Vamo Todos           

 

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4 comentarios

chino -

muchachos, me esguince un tobillo, asi que no voy a poder jugar este finde... pero bueeno,si hay autos para todos, voy a alentar al a cancha loco! abrazo para t6odos

Don borre!! -

posta men hay q poner todoo el sabado y vamos a ganarle a quien sea...y romo! este ehh yo juego arriba pero tengo q meter y poner xq lo de habilidoso asi como habilidoso viste!!! ajajajja se la vamo a dar ta!!como sea salgamos a correr ..el viernes no sale nadie y VAMOS A GANAR MUCHACHOS!!!!!!!!!
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gomito -

VAMO CHICOS... vi que quedamos 3ros, a 1 de la punta...quedan dos fechas y actualmente estamos asi:
La Chueca 12
Apostoles 12
Vamo Todos 11

pero La chueca tiene un partido mas...
a nosotros nos quedan DOS FINALES...y debemos dejar la vida p ganarlas...
vamos a demostrar que podemos chicos y vamos a meter y poner huevo los raspadores y a jugar y brillar los habilidosos...
y q cada uno termine muerto este partido q se juega 11:30 del sabado!!
abrazo de gol a todos..

el hincha Nº1 -

El Hincha

Una vez por semana, el hincha huye de su casa y asiste al estadio.
Flamean las banderas, suenan las matracas, los cohetes, los tambores, llueven las serpientes y el papel picado; la ciudad desaparece, la rutina se olvida, sólo existe el templo. En este espacio sagrado, la única religión que no tiene ateos exhibe a sus divinidades. Aunque el hincha puede contemplar el milagro, más cómodamente, en la pantalla de la tele, prefiere emprender la peregrinación hacia este lugar donde puede ver en carne y hueso a sus ángeles, batiéndose a duelo contra los demonios de turno.
Aquí, el hincha agita el pañuelo, traga saliva, glup, traga veneno, se come la gorra, susurra plegarias y maldiciones y de pronto se rompe la garganta en una ovación y salta como pulga abrazando al desconocido que grita el gol a su lado. Mientras dura la misa pagana, el hincha es muchos. Con miles de devotos comparte la certeza de que somos los mejores, todos los árbitros están vendidos, todos los rivales son tramposos.
Rara vez el hincha dice: «hoy juega mi club». Más bien dice: «Hoy jugamos nosotros». Bien sabe este jugador número doce que es él quien sopla los vientos de fervor que empujan la pelota cuando ella se duerme, como bien saben los otros once jugadores que jugar sin hinchada es como bailar sin música.
Cuando el partido concluye, el hincha, que no se ha movido de la tribuna, celebra su victoria; qué goleada les hicimos, qué paliza les dimos, o llora su derrota; otra vez nos estafaron, juez ladrón. Y entonces el sol se va y el hincha se va. Caen las sombras sobre el estadio que se vacía. En las gradas de cemento arden, aquí y allá, algunas hogueras de fuego fugaz, mientras se van apagando las luces y las voces. El estadio se queda solo y también el hincha regresa a su soledad, yo que ha sido nosotros: el hincha se aleja, se dispersa, se pierde, y el domingo es melancólico como un miércoles de cenizas después de la muerte del carnaval.

El fanático

El fanático es el hincha en el manicomio. La manía de negar la evidencia ha terminado por echar a pique a la razón y a cuanta cosa se le parezca, y a la deriva navegan los restos del naufragio en estas aguas hirvientes, siempre alborotadas por la furia sin tregua.
El fanático llega al estadio envuelto en la bandera del club, la cara pintada con los colores de la adorada camiseta, erizado de objetos estridentes y contundentes, y ya por el camino viene armando mucho ruido y mucho lío. Nunca viene solo. Metido en la barra brava, peligroso ciempiés, el humillado se hace humillante y da miedo el miedoso. La omnipotencia del domingo conjura la vida obediente del resto de la semana, la cama sin deseo, el empleo sin vocación o el ningún empleo: liberado por un día, el fanático tiene mucho que vengar.
En estado de epilepsia mira el partido, pero no lo ve. Lo suyo es la tribuna. Ahí está su campo de batalla. La sola existencia del hincha del otro club constituye una provocación inadmisible. El Bien no es violento, pero el Mal lo obliga. El enemigo, siempre culpable, merece que le retuerzan el pescuezo. El fanático no puede distraerse, porque el enemigo acecha por todas partes. También está dentro del espectador callado, que en cualquier momento puede llegar a opinar que el rival está jugando correctamente, y entonces tendrá su merecido.
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